Tampoco sé si es la experiencia o esas pequeñas batallas
a veces perdidas y a veces ganadas.
Pero llegar a casa en una noche invernal,
después de un día de trabajo,
que estén las luces más acogedoras encendidas, esperándote.
Y no sé si es eso o la fortuna de tener agua caliente para ducharme
y calzarme ese pijama completo y rosado,
tener una estufa que encender,
acariciar la gata.
Meterme a la cama e instalar la bandeja que compré justo para eso,
para usar en la cama.
Y no sé si es eso o que además tenga comida recién hecha por un compañero ideal.
Ideal porque es mi compañero, y hay amor y lealtad y dulzura y humor.
Instalarme en la cama con la bandeja y la comida, y el pijama, y la estufa y la gata de fondo.
Acomodarme con 2 almohadones y poner ese disco que tanto me gusta desde youtube.
Y no sé si es todo eso, y además la edad y además la experiencia y las batallas (definitivamente las perdidas),
pero me da tanto placer.
Es como si todo eso fuera lo único que siempre quise en la vida mía y nada más.
Se me olvida todo lo sufrido, los dolores y los llantos, las ansiedades por el futuro.
Y no sé si se me olvidan, pero ya no me duelen más.
Y esos pequeños gestos cotidianos se transforman en un presente infinito y alegre, lleno de paz
se transforman en mi reino. El dominio de mi corazón.
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| Detalle de Fuego Acuarelado Autobiografia, MVD 2016 |

